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Decolonizar el cuerpo

ENTRE DIAMANDA Y RUSSIAN RED. CAP. 6 *

Por Susan Campos Fonseca

 ”Todo determinismo filosófico es, desde la óptica de nuestra existencia, una imagen de la crueldad.”
 Antonin Artaud

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Entro en Matadero… allí, donde alguna vez viceras, sangre y huesos ocuparon monumentales naves, me espera un grupo de “investigadores/creadores” que pretende plantear preguntas sobre algo llamado “conocimientos y estéticas decoloniales”. La situación me resulta excitante, pero después de escuchar durante más de tres horas a nuestros visitantes de Goldsmiths (Londres), me quedo solo con una frase: “When we decolonize we seek to put flesh on such absences.” (Patrice Naiambana).

Bebo una copa de sangre (digo vino), en el bar de la nave contigua y pienso: necesito tiempo para “decolonizarme”. Pero ¿qué significa esto?… Los cuerpos, como el conocimiento, son construidos a punta de violencia. Para mí, la propia categoría “mujer” o “latina”, y sus determinismos, no hacen más que exponer las “viceras cosmopolitas” (o “viceral cosmopolitanism” según Mica Nava), de un espejo desparramado como la carne que alguna vez, colmó las naves de Matadero. Necesitamos “decolonizar” los cuerpos, categorías como género o raza. Deconstruir la colonización de la conciencia. Necesitamos mirarnos en ese espejo llamado “civilización”, y ser capaces de sabernos Narcisos abyectos. Caminamos por el mundo como si fuera la calle Montera en Madrid, seguimos la ruta de su McDonalds “art deco”, de los cafés en cuyas terrazas solo se atreven los turistas. Seguimos el camino “fast-culture” entre Sol y Gran Vía, nos compran oro y nos tatúan, mientras la policía, los vestidos de novia, las jóvenes prostitutas y sus “chulos”, se confunden…

De la calle Montera a Matadero existe una “cosmogonía”, quizás por eso después de todo el discurso teórico y performativo que ocupó en una sesión tres horas de mi vida, me quedo con la revelación de una Malinche Caníbal (ver video). Compartimos vinos en la teatralidad de aquella nave donde las conversaciones creaban polifonías entre pinchos, tapas y otras exquiciteces humanas.  Ella se abre las venas y me cuenta una historia. La expectación de “otredad”, la pregunta decolonial, se escribe con su sangre, recorriendo la piel abierta. También soy Tepeyac, me dice… y los símbolos que la cubren conforman un túnel corpográfico, retando aporías de modernidad… ¿Qué son La Nación, La Religión, El Sujeto…, sino “Sexo”? El deseo de la carne al servicio de La Razón, aquella que Erika Trejo, -Malinche, Tepeyac, creadora sextremista-, es capaz de desvelar en el éxtasis de la crueldad, con toda su monstruosidad.

Erika Trejo en “Malinche Caníbal” (Performance) Centro Párraga, Abierto de Acción, 2012. Foto: José Manuel Ureña.

Erika Trejo en “Tepeyac” (Performance) Café de Ficciones, Festival Pentacortos (2012). Foto: Luis Marino.

Fotografías cortesía de Erika Trejo.

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*Aunque “Entre Diamanda y Russian Red” es una serie creada para el blog de BENETTON ESPAÑA, no todos los capítulos serán publicados allí. Me interesa continuar colaborando con ese espacio, pero sin renunciar a escribir sobre las prácticas culturales que me interesan. Dado que algunos de los temas que trato parecen herir la “sensibilidad” de la casa BENETTON, he decidido repartir los capítulos, según el tipo de contenido, entre su web y la mía.

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2 Comments

  1. Posted noviembre 8, 2012 at 4:20 pm

    Me encanta la reflexión malinche con tono azteca y proyección de crecimiento: las vísperas no tienen sexo. Gracias a Dios, con lo feas que son. Que no nos simplifiquen, dijo una mujer.

    • admin
      Posted noviembre 8, 2012 at 6:36 pm

      Gracias “a Dios” no sé, pero tendréis que conoceros… un fuerte abrazo Carla.

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